Danza de opuestos y trompe-l'œil en Néstor García (Nota)
Por Félix Suazo
La ironía requiere inteligencia. La pintura exige ambas cosas. Ironía para tratar con una tradición sacralizada; inteligencia para operar con astucia sobre un horizonte plagado de convenciones y lugares de culto. Fiel a esos requerimientos, la obra reciente de Néstor García se adentra en una serie de problemas y paradojas de lo pictórico, que también atañen a los rituales del campo artístico e incluso al contexto-país donde se presenta la obra.
Engañosamente evidentes, estos trabajos desafían las reglas perceptivas de la pintura occidental. Puentes nevados, carros estrujados, edificios en llamas, paisajes chorreados -entre otras escenas- no solo dejan ver lo que las imágenes muestran, sino también la manera en que ellas se producen y reproducen en el imaginario contemporáneo. Hay en todas estas imágenes algo de obsesión y de pesadilla. Una pulsión de anhelo y de pérdida, de mundo post apocalíptico, de desastre. El agua y el fuego confabulados, inundan y devoran todo, como si la materia y todo aquello edificado por manos humanas fuera el lienzo donde la catástrofe hace su faena des-configurante; acaso una metáfora doble: de un lado la pintura bajo asedio; del otro, una nación en estado de sitio.
Conjunción de los opuestos: agua y fuego, materia y signo, realidad y representación, fijeza y procesualidad, en cuyo centro está la imagen, pendulando entre cenizas y desbordamientos. La exposición “Hoy es la danza del agua sobre el fuego”, compila ópticas diferentes, incluyendo reminiscencias fotográficas y cinemáticas. Esa traza intermedial, extrapictórica, queda solapada entre el marco y la tela pintada o sometida al régimen narrativo de la imagen videográfica.
La muestra invierte la estrategia planteada en las “pinturas impresentables” (2017), centradas en el desenmascaramiento de ciertos artilugios expositivos como el bastidor y el marco. Esta vez, sin embargo, el “cuadro” se comporta como tal; es decir, como un objeto autónomo y claramente delimitado, dentro del cual se reproduce una situación ilusoria siguiendo el principio del trompe-l'œil. Los defectos o anacronismos que puedan aparecer en estas obras están “perfectamente” pintados o “realmente” simulados, como para no comprometer la verosimilitud de la representación. Así encara el artista las políticas del signo y su lucha por la legitimidad del significado.


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