Si en la serie "Pinturas impresentables" el problema se centraba en puntualizar la relación dada entre la pintura (que actúa como una capa, una dermis que se posa) y su receptor, es decir, el soporte, a través de su manipulación (arrugas y corte), en la serie "Trampa de Ojo" la fuerza performática, es decir, la manipulación se da por representación, trastocando de esta manera la natural relación entre figura y rondo.

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